La parábola del hijo pródigo es muy conocida y mencionada, pero ¿conoces en realidad todas las enseñanzas que ésta nos deja? Al leer el relato es imposible que no nos conmueva el amor del padre por su hijo rebelde, pero qué hay del amor de nuestro Padre Celestial, el reclamo del hermano, o el arrepentimiento del hijo.

 

La historia es corta y trata de un padre que tenía dos hijos, y un día el más pequeño, al cumplir la mayoría de edad, le pide su parte de la herencia. El padre accede a la petición y el muchacho se va a otro país a malgastar y desperdiciar lo que había recibido. Una vez que ha perdido todo, y se encuentra hambriento y sin dinero, recapacita sobre su conducta y decide volver con su padre. A pesar del disgusto del hermano, el padre lo recibe con una gran celebración.

 

hijo prodigo

 

A simple vista notamos el amor del padre y el regocijo que se siente al encontrar algo o a alguien que se encontraba perdido. Sin embargo, Jesús utiliza este relato para mostrarnos el amor que nuestro Padre celestial tiene por cada uno de nosotros. Todos hemos pecado más de alguna vez, pero nuestro Dios es un Padre consolador, reconfortante y por irracional que parezca está siempre dispuesto a perdonar nuestros errores y recibirnos de vuelta. Si este padre, siendo humano como nosotros, estuvo dispuesto a perdonar a su hijo sin dudarlo, cuánto más puede amarnos y perdonarnos nuestro Señor.

 

La parábola del hijo pródigo también hace mención a un hijo arrepentido y una celebración, situación que hace referencia en realidad a la celebración de Dios por un pecador que se ha arrepentido. Nuestro Señor nos ama inmensamente y se regocija cuando alguno de nosotros es rescatado de los problemas. De manera que el gozo de Dios Padre es producto del arrepentimiento.

 

Por el otro lado, nos encontramos también con un hermano que necesita reconciliación. Un muchacho que no tiene un corazón como el Padre y se lamenta del regreso de su hermano. Podemos considerar esta actitud como una reacción normal ante lo sucedido, pues posiblemente nuestra reacción sería similar, y nos encontramos con un padre que también es misericordioso con él. Su amor y misericordia no tienen límite, a menos que seamos nosotros mismos quienes definimos este límite al negarnos a recibirlo.

 

La parábola del hijo pródigo toca diversos aspectos de nuestra vida, de manera que por ratos podemos sentirnos identificados con el hijo menor, en otros con el hermano mayor e incluso en algún momento con el padre que espera pacientemente el regreso de su hijo perdido. Es un mensaje de reconciliación, una llamada a la conversión y una invitación al perdón, con una muestra del amor y misericordia de nuestro Padre que nos llena de paz.

 

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