Lealtad es definido por la RAE (Real Academia Española) como el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien. En otras palabras, es el sentimiento de respeto y fidelidad a los principios morales que deben dirigirnos cuando tenemos algún compromiso establecido con algo o alguien.

 

Sin embargo, en el sentido bíblico implica más que cumplir con las obligaciones, pues incluye un apego amoroso y la toma de medidas para el beneficio de los demás. Esto fue demostrado por Dios ante Abraham, Moisés, David y el pueblo de Israel, cuando todas las promesas ofrecidas fueron cumplidas, aún después de los errores de su pueblo.

“Su amor lo hizo acordarse de su pacto con los israelitas, e hizo que sus enemigos les tuvieran compasión”. Salmo 106:45-46

 

Dios lo demostró también a la humanidad entera, al enviar a Su propio hijo a morir para darnos la oportunidad de ser libres de la esclavitud del pecado y la muerte y gozar de la vida eterna. Al día de hoy  Él es leal a la humanidad completa, satisfaciendo nuestras necesidades básicas sin evaluar si somos justos o injustos.

“Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo. Él es quien hace que salga el sol sobre los buenos y sobre los malos. Él es quien manda la lluvia para el bien de los que lo obedecen y de los que no lo obedecen”. Mateo 5:45

 

La lealtad como sinónimo de bondad amorosa, tiene también un fuerte sentido de reciprocidad. Lealtad es recompensada con lealtad. De manera que al percibir la bondad amorosa de Dios, es normal que nos sintamos impulsados a corresponderle, con un agradecimiento, ayudando al necesitado, etc. La lealtad a Dios implica también ser leales a Su Palabra, aprendiendo a vivir bajo Sus leyes y principios.

“Dios, el Salvador y santo de Israel, continuó diciendo: Israel, yo soy tu Dios, que te enseña lo bueno y te dice lo que debes hacer”. Isaías 48:17

 

La verdadera lealtad exige que actuemos con resolución para conservar nuestras valiosas relaciones, imitando la bondad amorosa de Dios en el trato con nuestra familia, amigos, compañeros de escuela o trabajo… con cualquier persona cercana a nosotros. El ser leales a Dios también significa ser leales con los demás, con nuestros hermanos en Cristo, con aquel hombre sin hogar que vive en la calle, con la madre viuda con necesidades económicas que vive cerca de nuestro lugar de trabajo, con cualquier persona que se presente a nuestra vida.

“El amigo siempre es amigo, y en los tiempos difíciles es más que un hermano”. Proverbios 17:17

 

Cualquiera puede mostrar aspectos de fidelidad cuando hay una recompensa de por medio o cuando no hay problemas, pero la lealtad real permanece en los problemas y aun cuando el otro “no lo merece”. Solo cuando estemos dispuestos a ser leales es que se llega a ser una fuente digna de confianza para los demás. Las personas leales permanecen, sin importar lo que suceda.

La lealtad es algo serio y real. ¿Eres una persona leal? Cuando las cosas comienzan a complicarse, ¿eres digno de confianza? Sin lealtad nunca sabremos cómo se siente vivir de verdad.

 

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